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El otro lado de la maternidad


Photo by Jordan Whitt on Unsplash

Por Shoshana Hernández


Cuando el embarazo llega, también los comentarios desde todos los círculos sociales de la madre: familia, amigos, compañeros de trabajo. Todos comienzan a visualizar la ternura de la maternidad. Pronto la mujer se llena de recomendaciones, mitos y experiencias de otras que ya han pasado por el proceso.


Hay abundante información sobre los cambios fisiológicos que ocurren en el cuerpo, consejos para mantener al bebé sano y sugerencias para cuando nazca. Se habla mucho de la maternidad, pero poco de la madre que, al final, es quien vive en primer plano el embarazo.


La invisibilización de la mujer en una etapa repleta de cambios puede provocar graves daños emocionales. Es por eso que no resulta extraña la existencia de la tristeza puerperal, psicosis posnatal o depresión posparto.


¿Qué le ocurre a la madre?, ¿Qué preocupaciones comienza a adoptar?, ¿Qué apoyo requiere? Son preguntas que no deben perderse entre la emoción por la llegada del nuevo integrante de la familia. Aquí, algunos puntos para comprender el sentir femenino:


Muchos cambios en poco tiempo

Al primer mes del nacimiento, el peso de la mujer deja de disminuir con rapidez. Es ahí cuando las dietas y rutinas de ejercicio comienzan a adentrarse en su lista de preocupaciones. Si se amamanta al bebé, no puede haber una pérdida mayor a medio kilo por semana y tampoco puede realizar ejercicio intenso porque aún hay riesgo de lesiones. Y, como la columna sufre curvatura durante el embarazo, se debe cuidar la postura cuando pone al bebé en brazos o lo alimenta.


La mujer transita por el descubrimiento de un nuevo cuerpo y el tiempo para aceptarlo es, prácticamente, inmediato, pues necesita cuidarlo porque desde él le da lo fundamental al bebé. Comprender esto puede significar un peso diferente para cada mujer. Se debe permitir que la madre, a su ritmo, adopte las nuevas responsabilidades y versiones de sí misma. Subestimar sus emociones hará más difícil los primeros meses.




Culpable por no tener un vínculo inmediato con el bebé

En las películas, libros y series, es común ver la escena conmovedora del nacimiento del bebé. Ahí, la madre establece una conexión mágica con el niño o niña. La realidad es que muchas madres y padres no establecen un vínculo afectivo con los pequeños de forma inmediata, sino en unas semanas, cuando el bebé ya realiza intercambios de sonrisas.


Si las emociones de la madre la han llevado a una depresión posparto, no gozará del bebé porque padece insomnio, ansiedad e irritabilidad. Culparla por ello y presionarla por sentirse feliz ante la llegada de su hijo o hija sólo empeora su situación. Atender tal depresión y mostrarle apoyo es una buena alternativa.


La presión por ser la “madre perfecta”


Photo by Daiga Ellaby on Unsplash

El deseo de brindarle el mejor crecimiento a la hija o hijo es parte del proceso de la crianza, pero las presiones que el exterior adjudica pueden abrumar (particularmente para las mamás porque es a ellas a quien se les señala como responsables desde el momento que conciben al bebé dentro de ellas).





“Cada mujer aborda la maternidad desde unos supuestos propios, diferentes, exclusivos al mismo tiempo que cada una de sus maternidades son diferentes (…) La mujer suele quedar oculta tras el embarazo, se la instruye a lo largo de nueve meses para ser una «madre perfecta» que en muchas ocasiones la llevara a su propio fracaso". Dice Inmaculada Alcalá en Feminismos y Maternidades en el siglo XXI.

La “madre perfecta” es una imagen construida por exigencias hacia la mujer. Informar sobre la educación, salud y desarrollo de la hija o hijo no es incorrecto. Pero la presión por crear una madre capaz de lidiar (y en tiempo completo) con sus propios deberes y el del bebé sin perder la sonrisa, puede colocarla bajo niveles de estrés, ansiedad y depresión. Se le debe permitir a la mujer descubrir sus deseos y decisiones frente a su vida como mamá.


¿Y el papel del padre?

Después del nacimiento, la gente convierte la imagen de la mujer en una figura materna ocupada exclusivamente en el bebé; olvida que aún existe un ser humano con deseos, placeres y necesidad de relajación. Esto se puede resolver si se elimina la idea de que la madre debe tener el control total de la situación.


Rumbo a los cuatro meses de vida de la hija o hijo, posiblemente, el estrés por ser su guardia será alto. Si el papá se ocupa de los paseos del bebé por una hora, por ejemplo, la mujer tendrá tiempo a solas y esto es, en definitiva, una excelente estrategia para combatir el estrés rutinario. Intentar realizar una actividad que le provoque felicidad, paz o placer, por una o dos veces a la semana, también es una oportunidad de recuperar su equilibrio.



Photo by Jonathan Borba on Unsplash

Los trastornos mentales del embarazo y posnatales no se combaten únicamente al exponer los casos, atenderlos con el médico y aceptarlos como posibles elementos dentro del proceso de maternidad. También se requiere un esfuerzo por imaginar nuevas formas de ser madre sin que éstas impliquen culpas y señalamientos hacia las mujeres.


Se requiere construir otras maneras de ver a las madres durante y después del embarazo, permitir que hablen de sus miedos, preocupaciones y anhelos. Y, entre todo esto, no olvidar la responsabilidad paterna.



Fuentes:

Cave, S. y Fertleman, C. (2007). Su bebé semana a semana. Barcelona: Ediciones Medici

Alcalá, I. (2015). Feminismos y Maternidades en el siglo XXI. Dilemata, 7 (18). Recuperado desde https://www.dilemata.net/revista/index.php/dilemata/article/view/372

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