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El posparto: ¡Quiero que mi cuerpo sea como antes!


Photo by Janko Ferlič on Unsplash

Por Shoshana Hernández


Durante el embarazo, los cambios físicos son evidentes. El crecimiento del bebé es imparable y nuestro cuerpo responde a ello. Pronto el vientre crece, el peso aumenta, la piel muestra su elasticidad, el vello es más abundante y en el rostro pueden aparecer algunas imperfecciones. Aunque todas experimentamos de distinta manera este proceso, son inevitables las modificaciones que se observan en el exterior.


Cuando llega el momento del nacimiento, esos cambios no paran; viene la lactancia y los senos se preparan para ello. Si el parto implicó una incisión, habrá una cicatriz. Parece que el cuerpo se transforma sin mesura y, entre cuidados y preocupaciones, es común que nos presionemos por tener la figura que portábamos antes del bebé.


¡Tranquila! No seas tan dura con tu cuerpo

El embarazo y lo que viene después de él (es decir, la cuarentena posparto) nos llevan a una mudanza de cuerpo; también hay modificaciones hormonales y emocionales. Si reconocemos el tremendo esfuerzo que eso implica, no sólo nos ayudará a reconocernos con admiración, sino, además, ayudará a que dejemos de enfocarnos en esa agotadora insistencia por querer volver a ser lo que éramos previo a la llegada del bebé.



Photo by Caroline Hernandez on Unsplash

La vida está llena de cambios constantes y la relación de nuestro cuerpo con el embarazo y el posparto no puede, por supuesto, ser la excepción. No somos un objeto estático, somos humanas. Humanas que se transforman. Ante eso, liberarnos de la negación a dichos cambios —que no deberían parecer anormales—será un gran paso para permitirnos vivir cada una de las fases del embarazo y del nacimiento de nuestro hijo(a) con plenitud y goce.


Debemos ser más amables y menos duras con nosotras mismas. Con esto no promuevo la idea de abandonar el interés por mantener un cuerpo cuya apariencia sea cómoda para nosotras, pero sí quiero que nos preguntemos por qué nos sumergimos en dietas rígidas, remedios “milagrosos” y un sinfín de acciones más para llegar a tener, al menos, un poco de la imagen física que existía previo a la maternidad.


“¿Cuál es la relación que tengo con mi cuerpo?”, “¿Por qué me sentía conforme con la apariencia que solía tener?” Hacer ese par de preguntas nos hará descubrir si el conflicto con la aceptación de nuestro nuevo cuerpo tiene algún vínculo con los estándares de belleza o si se trata de algún deseo propio que es, en realidad, un objetivo sano.


El miedo a los cambios es natural. Abracemos nuestro interior y aplaudamos la sorprendente capacidad que tenemos para responder (física y mentalmente) a las variaciones que hay en nuestra vida durante la maternidad y en cualquier otra etapa que se encuentre en el futuro.

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